Desenredando nudos al estilo abuelita

Esta mañana tuve que dedicarle 20 preciados minutos de mi tiempo a la laboriosa tarea que me tenía mi hija menor: para la navidad del 2017, recibió de parte de su mejor compañera de clase una cadena de cobre con un dije en forma de corazón; la niña le dio otra cadena a una segunda niña y ella también lleva una. Han prometido llevarla con sigo siempre.
Hoy la dichosa cadena ha decidido armarse en batalla campal y convertirse en un intrincado intercambio de nudos imposible de arreglar para mi hija, que en su frustración la jaló con fuerza y me hizo más difícil la tarea.
Inicié impaciente, tratando de no perder tiempo, con el propósito de que la rutina no se viera afectada y todos empezáramos el día lo mejor posible. Pero al cabo de cinco minutos, la cadena en mis manos se había retorcido aún más, y me sentía como esas imágenes de cuerpos poseídos en las películas de terror, que al final uno no puede entender cómo la víctima de la posesión no termino cuadrapléjica o desnucada. Y mi hija me miraba angustiada, con una lágrima empezando a caer por su mejilla. Aclaremos que mi hija menor ha superado a cada uno de los miembros de esta familia y con creces, llevándose el premio Oscar a la mejor actriz dramática, así que podrán imaginar su cara transfigurándose. Cada milímetro que esa lágrima cubría de trecho en su rostro, se convertía en una irremediable escena de frustración. Lo único que le hacía falta era la pequeña nube gris en su cabeza produciendo la más feroz de las tormentas mientras electrocutaba su pelo y le hacía salir humo del líquido cefalorraquídeo. Promesa de amigas es promesa de amigas y no se puede romper, ¡primero muerta!
Me revestí de una calma profunda, para no seguirle transmitiendo mi propia frustración, apagué la plancha de pelo y me senté lo más cómoda posible sobre la tapa del inodoro. Extendí cuanto pude la cadena en mi pierna y me dejé llevar por un recuerdo: mi abuela Carmen Susana Tinoco Escobar y sus más de 90 años. Nunca supimos su fecha exacta de cumpleaños y con sus hermanos hicimos cuentas alegres tratando de dar con su edad. La iglesia en donde estaba su partida de bautismo y, por lo tanto, sus datos de nacimiento, se quemó y con ella se llevó al olvido de las cenizas las historias de por lo menos cientos de personas de su localidad.
Carmen había adquirido varias fascinaciones en sus últimos años de vida, viéndose postrada en cama gracias a Cyborg, nuestro pastor Alemán (otra historia para contar, los nombres transforman a las personas y los animales también, y este es un pésimo nombre hasta para un animal), que en una de sus rabietas la empujo hacia atrás. En el momento de golpear con su cadera el piso, la cabeza del hueso del fémur izquierdo se pulverizó, haciendo imposible cirugía o prótesis debido al avanzado estado de osteoporosis. Los últimos 14 años de vida de mi abuela transcurrieron en una cama de habitación en habitación.
Sus rutinas se convirtieron en asuntos simples de la vida, meras cosas de supervivencia básica. Pero si llegaba a sus manos cualquier tipo de nudo, sin importar el material, mi abuela podía tomarse el tiempo, hasta el punto del abuso, con tal de lograr su nueva empresa: desenredar, desenmarañar, hasta el último hilo, tejido o arandela de lo que fuera le pasáramos.
Con el tiempo entendí su fascinación por el tema, lastimosamente lo entendí muy tarde. Cada uno de esos hilos regresado a la normalidad, cada uno de esos nudos desenredados, representaba su pasado y el deseo de arreglar como fuera sus errores, de dejar las cosas lisas, rectas, simples, sin las agobiantes curvas de la vida.
A mi abuela le costó morirse, y le costó mucho, 14 años postrada, mientras la mente se le enredaba en todos sus recuerdos y la memoria se le iba y le volvía cuando le daba la gana. Esta mañana desenredé los nudos de la cadena de mi hija y me encontré con los recuerdos, los de mi abuela y los míos. Imagino que de viejos todos buscamos un poco de coherencia, mientras la maraña de lo que representa nuestra historia de vida nos confunde la existencia.
Por Yeni Toro Go

Nota: Inicio retomando esta historia, abriendo las puertas del mes de las madres, disfruta cada uno de estos viernes, un tributo a mi madre y a mi abuela.
Te amo mamita bella.
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Pamela Muñoz Diseño Gráfico
Lorena C. Brown Editora

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